

| Dosis | Paquete | Precio por dosis | Precio | |
|---|---|---|---|---|
| 50mg | 360 pastillas | €0,50 | €256,64 €179,65 Mejor precio | |
| 50mg | 180 pastillas | €0,55 | €141,45 €99,01 | |
| 50mg | 120 pastillas | €0,61 | €105,07 €73,55 | |
| 50mg | 90 pastillas | €0,68 | €86,88 €60,82 | |
| 50mg | 60 pastillas | €0,75 | €64,65 €45,26 | |
| 50mg | 30 pastillas | €0,95 | €40,40 €28,28 | |
| 100mg | 360 pastillas | €0,62 | €317,27 €222,09 Popular | |
| 100mg | 180 pastillas | €0,68 | €175,81 €123,06 | |
| 100mg | 120 pastillas | €0,76 | €131,34 €91,94 | |
| 100mg | 90 pastillas | €0,85 | €109,11 €76,38 | |
| 100mg | 60 pastillas | €0,95 | €80,82 €56,57 | |
| 100mg | 30 pastillas | €1,17 | €50,50 €35,35 |
Advertencia rápida: la información presentada es de carácter educativo y no sustituye el asesoramiento médico. Consulte siempre al farmacéutico o al médico para orientación individualizada.
Nombre comercial en España: Thorazine; nombre genérico: clorpromazina; clase farmacológica: antipsicótico fenotiazínico; finalidad terapéutica: control de síntomas psicóticos y otros trastornos psiquiátricos en determinadas circunstancias clínicas.
La psicosis se caracteriza por la experiencia de señales o ideas que difieren significativamente de la realidad compartida por la sociedad. En ocasiones, pueden presentarse alucinaciones (percepciones sin base real) o ideas delirantes (creencias firmes sin fundamento), junto con un pensamiento desorganizado y conductas inapropiadas. Estas condiciones pueden afectar la capacidad de la persona para funcionar en la vida cotidiana y requieren evaluación médica urgente y seguimiento clínico.
La clorpromazina es un fármaco antipsicótico de la familia fenotiazínica que actúa principalmente modulando la actividad de la dopamina en el cerebro. Se utiliza para disminuir la intensidad de los síntomas psicóticos y facilitar la estabilidad conductual cuando otros enfoques han resultado insuficientes o no han podido tolerarse adecuadamente. En entornos hospitalarios y ambulatorios, puede formar parte de un plan integral que incluya apoyo psicosocial y tratamiento de comorbilidades.
Como parte de un programa terapéutico, la clorpromazina puede contribuir a reducir la excitación severa y la agitación que acompañan a crisis psicóticas. En ese contexto, su uso debe supervisarse de forma estrecha para ajustar dosis y vigilar posibles efectos adversos. No se debe iniciar, modificar o suspender un tratamiento con clorpromazina sin indicación explícita de un profesional de la salud.
La clorpromazina también ha mostrado efectos sedantes e antieméticos (antivómito) que pueden ser útiles en ciertas situaciones clínicas. Sin embargo, estos efectos no deben representar el objetivo principal del tratamiento cuando existen alternativas más específicas para cada indicación. Se recomienda consultar la información oficial de la ficha técnica y el folleto para conocer indicaciones aprobadas y recomendaciones de uso.
En cualquier caso, la respuesta al tratamiento puede variar entre individuos. El inicio de la acción puede requerir varios días y la intensidad de la mejoría depende de la patología tratada, de la adherencia y de la presencia de otros factores médicos. Si persisten dudas sobre la evolución clínica, es necesario consultar al equipo de atención médica para una revisión del plan terapéutico.
Entre las indicaciones aprobadas históricamente se encuentran diferentes manifestaciones psicóticas y cuadros asociados que requieren control de la agitación y de la conducta disruptiva. La decisión de emplear clorpromazina se fundamenta en una valoración clínica que considera beneficios esperados frente a posibles riesgos. En cada caso, la prescripción y la duración del tratamiento deben ajustarse a las guías clínicas locales y a la evaluación del profesional responsable.
Las indicaciones pueden incluir, de forma general, manejo de episodios agudos de psicosis, tratamiento de crisis de agitación en pacientes con trastornos psicóticos, y, en contextos hospitalarios, control de síntomas que no ceden con otras medidas. También se ha utilizado tradicionalmente para apoyar la reducción de náuseas y vómitos severos en determinadas circunstancias, siempre bajo supervisión médica y con la indicación clara de la necesidad clínica.
En pacientes con trastornos afectivos, puede considerarse como parte de un plan terapéutico cuando los síntomas psicóticos coexisten o persisten, y cuando otras opciones han resultado inadecuadas o no tolerradas. La decisión de usar clorpromazina debe basarse en un equilibrio entre beneficios clínicos y posibles efectos adversos, y debe reevaluarse periódicamente.
La forma de administración, la dosis y la duración dependen de la indicación específica y de la respuesta individual. En todos los casos, la adherencia al calendario de toma y la monitorización de síntomas son aspectos clave para optimizar resultados. Si no está seguro de una indicación concreta, se debe consultar la ficha oficial de la pauta o al profesional de salud que tramitó la receta.
El uso fuera de indicación aprobada puede ocurrir en determinadas circunstancias clínicas, siempre bajo supervisión médica y con un razonamiento terapéutico claro. En estos escenarios, puede emplearse para facilitar la sedación o disminuir conductas disruptivas en ciertos pacientes, así como para manejar síntomas asociados a algunas condiciones neurológicas o psiquiátricas cuando otras terapias no proporcionan beneficio suficiente.
Entre los usos off-label se encuentran, de forma general, manejo de crisis de agitación en pacientes con demencia o síndromes psicóticos no diagnosticados con claridad, y apoyo a la analgesia o control de náuseas refractarias en contextos hospitalarios. No obstante, la recomendación es conservar la evaluación y el seguimiento por parte del equipo sanitario, dado que la seguridad y la tolerabilidad deben ser evaluadas en cada caso.
Las consideraciones clínicas para el uso off-label incluyen una mayor vigilancia de efectos extrapiramidales (movimientos involuntarios), sedación, y posibles interacciones con otros fármacos. En pacientes de edad avanzada o con comorbilidades cardiometológicas, pueden requerirse ajustes o alternativas terapéuticas más conservadoras. Si se presentan dudas sobre un uso no aprobado, debe consultarse la ficha técnica o al profesional de salud responsable.
En todo uso off-label, la documentación clínica debe reflejar claramente el razonamiento terapéutico, los objetivos del tratamiento y los criterios de revisión. Se recomienda evitar cambios abruptos en la pauta sin supervisión y mantener una comunicación abierta entre el paciente, su familia y el equipo sanitario para prevenir complicaciones y facilitar la detección temprana de efectos adversos.
La clorpromazina actúa principalmente como bloqueante de receptores de dopamina en ciertas redes neuronales del cerebro. Al reducir la actividad de la dopamina en esas vías, disminuye la excitación y la percepción alterada que contribuyen a los síntomas psicóticos. Este efecto puede acompañarse de otros mecanismos que moderan la respuesta emocional y la motivación, ayudando a calmar conductas y pensamientos desordenados.
Además de su acción en la dopamina, la clorpromazina interactúa con otros sistemas de neurotransmisores como la histamina y la serotonina, lo que puede explicar la somnolencia, la sedación y la variabilidad de su perfil de efectos secundarios. Estas acciones combinadas contribuyen a un conjunto de respuestas clínicas que deben vigilarse de cerca durante el tratamiento.
Desde el punto de vista farmacológico, la clorpromazina es un antagonista de receptores D2 de dopamina, especialmente en circuitos implicados en la regulación de la percepción y la conducta. Este bloqueo puede disminuir la sobreexcitación neural asociada a la psicosis, pero también puede afectar otras vías dopaminérgicas, lo que explica la presencia de efectos adversos extrapiramidales en algunos pacientes.
Adicionalmente, la clorpromazina presenta afinidad por receptores de histamina H1 (causando sedación) y por receptores muscarínicos (con posibles efectos anticolinérgicos como boca seca o estreñimiento). También interactúa con receptores de serotonina, lo que puede influir en el estado de ánimo y en el comportamiento. Este perfil farmacológico complejo justifica la necesidad de un manejo cuidadoso y de monitorización clínica estrecha, especialmente al inicio del tratamiento o durante la dosis de ajuste.
El resultado terapéutico depende del equilibrio entre la reducción de síntomas psicóticos y la aparición de efectos adversos. En la práctica clínica, la decisión de continuar, modificar o suspender la clorpromazina debe basarse en una evaluación periódica de riesgo y beneficio realizada por profesionales de la salud, y siempre dentro de un plan individualizado.
La absorción de la clorpromazina por vía oral es relativamente buena, con distribución amplia en el organismo y penetración en el sistema nervioso central. Las concentraciones plasmáticas pueden variar según la formulación, la presencia de alimentos y las características metabólicas del paciente. La variabilidad individual es un factor a considerar al interpretar respuestas terapéuticas y efectos secundarios.
El metabolismo de la clorpromazina ocurre predominantemente en el hígado a través de rutas hepáticas que transforman el fármaco en metabolitos activos o inactivos. La eliminación se realiza principalmente por heces y, en menor medida, por orina. La vida media puede variar entre pacientes, lo que explica la necesidad de ajustes en la pauta terapéutica y de una monitorización clínica durante la titulación y el mantenimiento.
La interacción con otros fármacos metabólicamente activos puede influir en la concentración plasmática de clorpromazina. Por ello, es fundamental informar al farmacéutico o al médico sobre todos los tratamientos concurrentes. La coadministración con ciertos fármacos puede requerir vigilancia adicional o ajustes de dosis para evitar efectos adversos o reducción de la eficacia.
La farmacodinámica describe los efectos observados a nivel de receptor y de sistema nervioso central, mientras que la farmacocinética se ocupa de la absorción, distribución, metabolismo y excreción. Juntas, estas ciencias explican por qué el inicio de la acción puede no ser inmediato y por qué la duración de la respuesta puede variar. Si se requieren aclaraciones, la consulta de la ficha técnica oficial es indispensable.
La clorpromazina se presenta en diferentes formas, entre las que se incluyen comprimidos y soluciones orales. La elección de la forma farmacéutica depende de la indicación clínica, la tolerabilidad, la edad y la capacidad de deglución del paciente. En algunos casos, también puede prepararse una formulación especial para asegurar la adherencia al tratamiento.
La pauta de administración debe ser establecida por el profesional de la salud responsable y ajustada según la respuesta clínica y la tolerabilidad. En general, el objetivo es alcanzar la dosis eficaz con la menor intensidad de efectos adversos, manteniendo un control adecuado de los síntomas. No se debe modificar la pauta sin consultar al equipo sanitario.
Se recomienda tomar la medicación a la misma hora cada día para favorecer la adherencia. Si se presenta irritación gástrica, puede indicarse tomar el fármaco con comida o un tentempié ligero, salvo indicaciones contrarias. En ningún caso debe suspenderse de forma abrupta sin asesoramiento médico, ya que la retirada repentina puede generar síntomas de abstinencia o empeoramiento de la condición.
Entre las consideraciones prácticas, se debe evitar el consumo de alcohol durante el tratamiento, debido al aumento de la sedación y a la posible interacción entre sustancias. Ante la necesidad de cambiar de medicina o de dosis, el control clínico debe priorizarse para detectar cualquier cambio en la conducta, el ánimo o la función motora. Si se requiere información adicional, se sugiere consultar la ficha técnica o al farmacéutico responsable.
La dosificación y la duración deben ser determinadas por el profesional sanitario, y cualquier modificación debe ser supervisada para evitar complicaciones. Si no se observa mejora significativa en un marco razonable de tiempo, se debe discutir la continuidad o el ajuste del tratamiento con el equipo médico. Consulte siempre la guía oficial de uso y no emplee el medicamento fuera de indicación sin asesoramiento profesional.
La clorpromazina está contraindicada en personas con hipersensibilidad conocida al fármaco u otros fenotiazínicos. También debe evitarse en pacientes con antecedentes de reacciones graves a antipsicóticos o con ciertas condiciones neurológicas que pueden empeorar con la medicación. En presencia de enfermedad cardíaca significativa, antecedentes de arritmias o hipotensión grave, se debe proceder con precaución y evaluación clínica cuidadosa.
La administración en adolescentes, niños o personas mayores requiere un enfoque adaptado. En mayores de 65 años, la susceptibilidad a efectos adversos cerebrales y a caídas puede ser mayor, por lo que la monitorización y el ajuste de dosis deben realizarse con especial cuidado. Si existe duda sobre la seguridad en un grupo de pacientes, consultar con el profesional de salud antes de iniciar el tratamiento.
También se deben revisar posibles interacciones con otros fármacos o sustancias de uso común que pueden modificar el efecto del fármaco o aumentar el riesgo de efectos adversos. Si se incorporan tratamientos complementarios, se debe informar al profesional de la salud para valorar la seguridad global del plan terapéutico. En casos de dudas sobre contraindicación, se debe consultar la ficha técnica oficial o al farmacéutico.
Efectos adversos comunes pueden incluir somnolencia, hipotensión ortostática y sequedad de boca, entre otros. En presencia de estos síntomas, la persona debe comunicarlo al equipo de salud para valorar la necesidad de ajustar la dosis o cambiar a una alternativa terapéutica. Si aparecen signos de reacciones graves o una alergia, se debe buscar atención médica de inmediato.
Embarazo y lactancia: la clorpromazina puede atravesar la placenta y podría afectar al desarrollo fetal; la decisión de usarla durante el embarazo debe sopesar beneficios y riesgos y se debe priorizar la alternativa más segura. En la lactancia, la sustancia puede excretarse en la leche materna y podría afectar al bebé; se debe consultar con el profesional de salud antes de amamantar durante el tratamiento. Para información detallada, se recomienda revisar la ficha técnica y discutir con el médico o farmacéutico.
Entre los efectos adversos más frecuentes se encuentran la sedación, la somnolencia, el mareo y la sequedad de boca. Otros efectos pueden incluir rigidez muscular, temblor, movimientos anormales y alteraciones en la coordinación. En raros casos pueden ocurrir reacciones extrapiramidales graves que requieren atención médica urgente.
La vigilancia debe incluir control de la presión arterial, estado mental, motorización fina y observación de signos de discinesia o temblores no habituales. Si se observan signos de fiebre alta, rigidez muscular marcada o confusión extrema, se debe buscar atención médica de forma inmediata, ya que podrían indicar complicaciones serias. En caso de cualquier duda, consultar al profesional responsable del tratamiento.
Durante el embarazo, la decisión de continuar con clorpromazina debe ser tomada por el médico tras evaluar riesgos y beneficios. En algunos casos, el tratamiento puede ser necesario para evitar crisis psicóticas que comprometan la salud de la madre y del feto, pero se buscarán alternativas o ajustes cuando sea posible. La lactancia durante el uso de clorpromazina debe discutirse con el equipo de atención para valorar la seguridad del bebé.
En general, se recomienda evitar la automedicación y mantener un contacto cercano con el profesional de salud para garantizar un manejo adecuado, especialmente durante el embarazo y la lactancia. Si se requiere información adicional, el profesional de la salud puede indicar las pautas adecuadas y las precauciones específicas para cada caso.
| Fármaco | Mecanismo principal | Indicación típica | Efectos adversos característicos | Observaciones |
|---|---|---|---|---|
| Clorpromazina | Antagonista D2 y otros receptores | Psicosis, agitación, náuseas en algunas circunstancias | Sedación, discinesias, hipotensión | Uso histórico; monitorizar efectos extrapiramidales |
| Haloperidol | Antagonista D2 potente | Psicosis aguda, esquizofrenia, conductas agudas | Riesgo de discinesias tardías y estoicismo motor | Enfoque más selectivo para síntomas psicóticos |
| Perfenazina | Antagonista D2 y otros receptores | Psicosis, náuseas severas | Somnolencia, hipotensión, efectos extrapiramidales | Menor uso en la práctica actual |
| Acetato de flufenazina | Antagonista D2 con efectos sedantes | Psicosis y crisis agudas | Rigidez y movimientos involuntarios | Uso menos frecuente en la actualidad |
La tabla anterior ofrece una visión general y no sustituye la consulta clínica. La elección entre antipsicóticos dependerá de la situación clínica, la tolerabilidad y la historia personal de respuestas a tratamientos. Se recomienda consultar la ficha técnica de cada medicamento y al farmacéutico para una comparación específica en función de las condiciones individuales. Si se requieren aclaraciones, se debe recurrir al profesional sanitario o al folleto oficial correspondiente.
La aparición de beneficios puede variar entre personas y depender de la indicación. En muchos casos, la mejoría puede observarse a lo largo de días a semanas, no de inmediato. Si no se aprecia cambio después de un periodo razonable, debe consultarse al profesional de salud para determinar el plan adecuado.
En caso de olvido, la pauta habitual es tomar la dosis tan pronto como se recuerde, a menos que esté casi hora de la siguiente dosis. No se debe duplicar la dosis para compensar la dosis olvidada; si hay duda, se debe consultar al farmacéutico o al médico. Mantener la adherencia regular es clave para la eficacia del tratamiento.
Se recomienda evitar el consumo de alcohol durante el tratamiento, ya que puede aumentar la somnolencia y la sedación, incrementando el riesgo de caídas y otros efectos adversos. En cuanto a alimentos, la clorpromazina puede tomarse con o sin comida, siguiendo la indicación del profesional, para minimizar molestias estomacales si así se recomienda.
La clorpromazina puede interactuar con múltiples fármacos, incluidos tranquilizantes, fármacos para la presión arterial, y ciertos antibióticos o antifúngicos. Es importante informar al equipo de salud de todos los tratamientos en curso para ajustar dosis o vigilar posibles interacciones. No se deben iniciar, suspender o modificar otros fármacos sin asesoramiento profesional.
La somnolencia y la mareo pueden afectar la capacidad para conducir o participar en actividades que exijan estado de alerta. Si aparece somnolencia marcada, debe evitarse conducir y vigilarlas demás funciones motoras. La decisión debe basarse en la experiencia individual y la recomendación del profesional de salud.
Se debe buscar atención médica de forma urgente ante fiebre alta con rigidez muscular (síndrome similar a la maligna), movimientos involuntarios severos, confusión marcada, o signos de una reacción alérgica grave. También se debe consultar si se observa empeoramiento de la convicción mental, ideas delirantes o conductas peligrosas.
El uso prolongado debe ser evaluado de forma periódica por un profesional de salud. Aunque puede ser necesario en ciertos casos para controlar síntomas, se requieren revisiones regulares de seguridad, posibles ajustes de dosis y monitorización de efectos adversos. El objetivo es mantener la eficacia clínica minimizando riesgos.
Durante el embarazo o la lactancia, la decisión de usar clorpromazina debe ser tomada por el médico tras valorar beneficios y riesgos. Si se encuentra embarazada o lactante, se debe informar a la atención sanitaria para determinar la opción más segura. En muchos casos, se priorizarán tratamientos con menor impacto en el feto o en el bebé, siempre bajo supervisión profesional.
Los ajustes de dosis deben realizarse únicamente bajo indicación médica, y la titulación debe hacerse de forma gradual para monitorizar la tolerabilidad y la respuesta. Cambios abruptos pueden aumentar el riesgo de efectos adversos o de empeoramiento de los síntomas. En caso de dudas, consultar con el profesional sanitario que gestiona el tratamiento.
La clorpromazina no se considera adictiva en el sentido de dependencia física típica de sustancias recreativas. Sin embargo, la interrupción o la reducción abrupta pueden producir síntomas de abstinencia o recidiva de síntomas psicóticos, por lo que se recomienda suspender o modificar el tratamiento únicamente bajo supervisión médica.
Se recomienda revisar la ficha técnica oficial, el prospecto o el folleto informativo del medicamento, así como las recomendaciones de la autoridad sanitaria local. En caso de incertidumbre, consultar al farmacéutico o al médico para obtener aclaraciones específicas para la situación clínica particular.
En presencia de efectos adversos graves, como rigidez muscular marcada, confusión, fiebre alta, o signos de una reacción alérgica severa, se debe buscar atención médica de forma urgente. No se debe continuar con la medicación sin asesoramiento profesional y se debe informar a la persona responsable del tratamiento sobre estos síntomas.
La decisión de usar clorpromazina depende de un diagnóstico clínico, historial médico y evaluación de riesgos y beneficios. Debe consultarse con un profesional de la salud para discutir el plan terapéutico, las posibles alternativas y la forma adecuada de monitorizar la respuesta y la seguridad durante el tratamiento. Si se necesita, se puede solicitar una segunda opinión para aclarar dudas.
La adherencia al plan terapéutico, la monitorización regular por parte del equipo sanitario y la comunicación abierta entre el paciente y el profesional de salud son claves. Mantenerse informado sobre posibles interacciones, efectos adversos y señales de alarma facilita la detección temprana de complicaciones. En caso de dudas, consultar siempre con el farmacéutico o el médico responsable del tratamiento.
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